¡VIVE FARAÓN, QUE SOIS ESPÍAS!



¡VIVE FARAÓN, QUE SOIS ESPÍAS!
Génesis 42:14-16
“Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías. En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí. Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros; y si no, vive Faraón, que sois espías.”
Abundantes bendiciones, estimado lector. En concordancia con esta porción bíblica, vamos a considerarla tomando en cuenta las premisas que siguen a continuación:
1-La mayoría de las personas se identifican más con la vida de aquellos que han luchado y mostrado superación, que con aquellos que han pasado por este mundo sin pena ni gloria. El común, no ve con agrado ni simpatía a las personas que siempre las han tenido fácil.
2-Para muchos, José es el personaje favorito de La Biblia, toda vez que estos ven sus propias vidas reflejadas en él, y por ello, a alguien a quien desean imitar o emular.
3-Cada dificultad que José tuvo que enfrentar, le ayudó a desarrollar el valor que necesita un líder para ser exitoso.
4-Los dolores y los problemas que usted enfrenta hoy, bien podrían ser la manera en que Dios quiere mostrarle que, tal como lo hizo con José, tiene un plan para su vida, de victorias y abundancia en el Espíritu.
5-José tenía muchas cualidades, entre las cuales resaltaremos sólo algunas de ellas: La obediencia hacia su padre (Gén. 37:13,14). A pesar de saber que sus hermanos le odiaban, no vaciló en ir y saber si estaban bien. Su pureza y elevada moral (Gén. 39:7-9). No sucumbió ante la tentación. Su juventud, la lejanía de su hogar, ni el exilio, fueron la excusa para aceptar la propuesta de la mujer de su amo. Su integridad en el ejercicio de las funciones de su cargo. Podríamos agregar entre otras virtudes, su inteligencia, su atractivo físico, su nivel de compromiso, pero, sin duda alguna, la que más destaca es su fe, “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.” (Heb. 11:1,2).
            La Palabra de Dios nos enseña en Gén. 39:2, 21 y en Hch. 7:9, que Jehová estaba con José, entendiendo el término estaba como una acción de respaldo del Señor en todo lo que constituía la vida de José, incluso aquellos eventos contrarios, como lo fue su venta a los ismaelitas por parte de sus hermanos.
            Veamos en Gén. 39:2, “le prosperó”; en Gén. 39:21, “le extendió su misericordia y le llenó de su gracia”; en Hch. 7:10, “le libró de todas sus tribulaciones y le dio gracia y sabiduría”. ¡Esa es la diferencia entre “yo estoy con Dios” y “Dios está conmigo”! La primera es una expresión voluntaria, unipersonal, que denota una expectativa dudosa de quien la profesa. La segunda es el sello por parte del Dios Todopoderoso de que “nadie te podrá hacer frente.” (Jos. 1:5).
a-La fe de José en Dios le ayudó a sobrellevar la envidia y odio de sus hermanos (Gén. 37). A pesar de ser echado en un pozo en medio del desierto, rodeado de alimañas, José seguía fiel a Dios.
b- La fe de José en Dios le ayudó a sobrellevar la desgracia de ser forzado a salir de su casa, cuando fue vendido a los 17 años como esclavo (Gén. 37). A pesar de ese cambio traumático, José seguía fiel a Dios.
c- La fe de José en Dios le ayudó a sobrellevar las tentaciones y poder decirle no a las pretensiones de la esposa de Potifar (Gén. 39). A pesar de esta prueba, José seguía fiel a Dios.
d- La fe de José en Dios le ayudó a sobrellevar las falsas acusaciones y la tragedia de haber sido confinado en prisión por una falta que no cometió (Gén. 39). A pesar de ser privado de libertad injustamente, José seguía fiel a Dios.
e- La fe de José en Dios le ayudó a interpretar los sueños del panadero y del copero (Gén. 40). A pesar de haber sido olvidado por el copero, José seguía fiel a Dios.
f- La fe de José en Dios le ayudó a interpretar los sueños de Faraón (Gén. 41). No se envaneció a causa de sus revelaciones y demostró que seguía fiel a Dios.
g- La fe de José en Dios le ayudó a no volverse egoísta cuando se convirtió en un hombre próspero. A la edad de 30 años, Faraón lo hizo el hombre más poderoso del mundo conocido, rodeado de prestigio y privilegios (Gén. 41). Aun así, teniéndolo todo, siguió fiel a Dios.
h- La fe de José en Dios le ayudó a perdonar a sus hermanos por todo el mal que ellos le habían causado (Gén. 45). Lo que ellos hicieron por maldad y envidia, Dios lo tornó en bendición. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Rom. 8:28). Pudiendo tomar venganza, no lo hizo, porque seguía fiel a Dios.
            De manera que la clave en la adversidad o en la prosperidad, en la cárcel o en Palacio, fue que su fe lo mantuvo fiel a Dios.
“…vive Faraón, que sois espías.”
            No obstante, la vida ejemplar de José, no podemos dejar pasar este detalle, lo que encierra esta expresión que salió de su boca. Así como en Jueces 8:19b “¡Vive Jehová, que si les hubierais conservado la vida, yo no os mataría!”, esta fórmula “vive Faraón, que sois espías”, apela al poder de algún superior para validar tal declaración. Esta expresión, acuñada en Egipto por los faraones, con el fin de exhibir su poderío e inmortalidad en absoluta exteriorización de su hedonismo, acababa de salir de lo más profundo de José frente a sus hermanos.
            Amigo lector, no se sorprenda por esto. A nosotros también nos pasa con frecuencia. Sin darnos cuenta, nos vamos amoldando a los formatos que el mundo nos ofrece. En el peor de los casos, hasta asumimos como propias, expresiones poco convenientes, costumbres y prácticas que no convienen a santos. En ocasiones, por conservar privilegios en la sociedad, en el trabajo o frente a algunas personas, dejamos nuestra esencia con el fin de ser aceptados.
            José adoptó el vocabulario de los egipcios, se identificó con la costumbre idolátrica del gentilicio egipcio para enaltecer a los faraones. Consciente o inconscientemente, se olvidó que pertenecía a un linaje distinto, desvió el objetivo para el cual Dios lo llevó a Palacio, descuidando los fundamentos de su formación.
            Como sucedió con José, quizás usted ha tenido que soportar falsas acusaciones, desprecio, envidias, prisiones, injusticia o traición. Pero, cuando Dios le lleve al lugar donde él ha decidido colocarle, nunca olvide el propósito que él tiene para su vida, ni la naturaleza de su llamamiento.

Por: ISAÍ VEGAS CASTRO
Lima, Abril 2.020
Imagen tomada de: jw.org

Comentarios

Entradas populares