LA GRAN COMISIÓN

Mateo 28:18-20

 

Introducción

El término “Gran Comisión” no es un título bíblico. La Biblia no usa exactamente la frase “Gran Comisión” en su texto. De manera que, es un nombre que la tradición cristiana le ha dado porque resume la tarea suprema y universal de la iglesia.

El adjetivo “Gran” resalta su importancia, alcance y autoridad. Se refiere a la autoridad absoluta de Jesucristo y al alcance mundial.

El título “Gran Comisión” se popularizó en el mundo protestante y misionero a partir del siglo XIX, gracias al misionero Hudson Taylor, fundador de la misión al interior de China entre 1.832 y 1.905. Pero antes, ya el término había sido utilizado por un misionero neerlandés de nombre Justinian Von Welz, que vivió entre 1.621 y 1.688, y lo utilizó para referirse al fragmento de Mateo 28:18-20.

Hoy en día, en el cristianismo evangélico y misionero, la “Gran Comisión” es el título estándar para este pasaje bíblico, porque encapsula la misión esencial de la iglesia: proclamar el evangelio, hacer discípulos y extender el reino de Dios a todo el mundo.

 

Raíces de “La Gran Comisión”

En términos generales, la “Gran Comisión” es una referencia al mandato que el Señor Jesús le recomendó a la iglesia por medio de sus apóstoles, a fin de que lo llevaran a cabo en el período entre su ascensión y su segunda venida.

No obstante, desde una perspectiva escritural, podría considerarse que Mateo 28:18-20 no es tanto un llamado inaugural, sino más bien el punto culminante del llamamiento emitido por Dios en el Antiguo Testamento en la persona de Abraham (Gén. 12:1-3): “Pero Jehová había dicho a Abram: vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las naciones de la tierra”. Se trata pues, de un Dios hasta ese momento desconocido en un mundo politeísta y pagano, llamando a un pueblo a acudir a él, a fin de darse a conocer a toda la humanidad. Podemos ver esto en la promesa “en ti serán benditas todas las naciones de la tierra”.

“La Gran Comisión” es un pasaje puente que concluye la narrativa de Mateo sobre el “Jesús histórico” y señala al lector una nueva era de misión universal para la iglesia, que realiza sus labores bajo la autoridad y protección de Cristo resucitado.

 

Exégesis de Mateo 28:18-20:

“Toda potestad…” (Mateo 28:18):

Estas palabras fueron pronunciadas por aquél a quien se le había dado toda autoridad. Pero, esta autoridad de Cristo no es un tema nuevo. Podemos percibirla en su poder para derrotar al diablo. En Mateo 4:1-11, “Jesús respondió y dijo: escrito está, no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios… No tentarás al Señor tu Dios… Vete Satanás, porque escrito está, al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. Y el diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.”  Otro ejemplo está en Juan 11:43-44 en la resurrección de Lázaro: “Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!. Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.” También cuando calmó la tempestad, relatado en Mateo 8:26-27: “Jesús les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonaza.” Todas estas, entre muchas otras señales sobrenaturales. Es decir, Jesucristo siempre ha tenido soberanía en el cielo y en la tierra, más en esta ocasión, esa autoridad la transfiere a los humanos, con el propósito de preparar a sus discípulos para que tuvieran la certeza de que su poder los acompañaría en sus dificultades y debilidades, en la noble tarea de hacer discípulos a todas las naciones y dar continuidad al plan de los siglos, la redención de la humanidad.

 

El Mandato de “ir” (Mateo 28:19a):

Esta frase apunta a la naturaleza irrestricta de la misión, que incluye al pueblo judío. ”Id” (en el original griego “yendo”), es un mandato activo, no es opcional. Implica salir de nuestra zona de confort y llevar el evangelio a los lugares donde no ha sido escuchado jamás.

 

“Haced discípulos” (Mateo 28:19b):

En el contexto histórico judío y grecorromano, ser un discípulo implicaba seguir a un rabino para aprender la Torá y los caminos de Dios. En el mundo grecorromano había escuelas filosóficas donde los discípulos seguían las enseñanzas de un maestro. Las enseñanzas en la antigüedad no eran solo académicas. Era una relación cercana, donde el maestro y el discípulo compartían la vida cotidiana.

Observemos por un momento, cuando Jesús escoge a sus discípulos. En Mateo 4:19, el Señor les dice: “Venid en pos de mí (sígueme) y os haré pescadores de hombres.” Este llamado implicó dejar atrás sus vidas anteriores y embarcarse en una nueva misión. Es decir, Jesús no les dio las buenas nuevas y los dejó que siguieran por su cuenta. Comenzó a tener una relación estrecha con ellos, les enseñó, les dio su ejemplo y no los dejó hasta tanto los discípulos no estuvieron preparados para continuar por sí solos, con la ayuda del Espíritu Santo.

Igual podríamos decir del Apóstol Pablo. Fundaba iglesias, permanecía un tiempo en ellas enseñándoles y les escribía cartas, inclusive desde la prisión, para impartirles la doctrina del evangelio. En Gálatas 4:19, Pablo les escribe a los hermanos de Galacia lo siguiente: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros.”

Todo esto indica que, la “Gran Comisión” no se resume a “predicar” solamente, o dar un folleto. Es algo mucho más profundo, es producir en el discípulo un compromiso, un aprendizaje y una imitación de la vida de Jesucristo.

 

“A todas las naciones” (Mateo 28:19c):

El alcance de la misión es global. No se limita a un grupo específico de personas, sino que abarca a todos los pueblos, tribus, lenguas y naciones. No hay lugar en la tierra donde no se deba predicar el evangelio de Jesús ni hacer discípulos. En su ministerio anterior, Jesús restringió deliberadamente su obra al pueblo judío: Mateo 15:24 relata: “Jesús respondiendo, dijo: no soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Anteriormente envió a sus discípulos con la misma restricción: “Sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (Mateo 10:6). Solo en raras excepciones Jesús ministró entre los gentiles: Leemos en Mateo 15:21-28: “Entonces respondiendo Jesús, dijo (a la mujer cananea): Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” Ahora todo eso es cosa del pasado, y los discípulos tienen la misión de llevar el evangelio “a todas las naciones.”

 

            La enseñanza y el bautismo (Mateo 28:19d-20):

“Bautizándolos”: el bautismo es una señal externa de la fe interna. Es un acto de obediencia que simboliza la identificación del creyente con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

“Enseñándoles”: este aspecto es fundamental en el discipulado. La tarea no se limita solo a predicar el evangelio, sino también a enseñar a los nuevos creyentes a obedecer todo lo que Jesús ha mandado.

          “Que guarden todas las cosas”: no es suficiente conocer la palabra de Dios. Hay que obedecerla y ponerla por obra.

            “He aquí yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”: Jesús enfatiza con esta frase que lo que sigue es algo muy importante. Es una promesa de la presencia continua de Cristo con sus discípulos. No nos envía solos. Él nos acompaña en la misión. Destaca que esta promesa no tiene un límite de tiempo. Jesús estará con nosotros hasta que él regrese.

 

Conclusión

La iglesia debe ser un lugar donde se enseñe y se discipule a los creyentes, ayudándoles a crecer en su fe y a vivir de acuerdo con las enseñanzas de la palabra de Dios. Cada creyente tiene la responsabilidad de enseñar y guiar a otros en el camino de la fe.

No importa dónde estemos o cuán difícil sea la tarea, el Señor nos promete su presencia constante.

Finalmente, la promesa de la presencia continua de Jesús "y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" brinda ánimo y fortaleza a los discípulos en su labor de hacer discípulos. Esto implica que el trabajo del discipulado no se realiza en la soledad, sino en comunión con la presencia y el apoyo divinos.

En resumen, Mateo 28:18-20 establece la misión de la Iglesia, ofreciendo un mandato claro y la garantía de la presencia de Cristo, invitando a los creyentes a ser activos en la expansión del reino de Dios en el mundo. 


Por: Isaí Vegas C.

Lima, Marzo 2026.

 

Comentarios

  1. Excelente este material, sin duda alguna un gran aporte en el estudio de las Sagradas Escrituras, que nos llama a la reflexión

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